Individualmente son vidas que van a quedar recortadas por la imposibilidad de encontrar un trabajo, socialmente suponen el despilfarro de unos recursos no puestos en valor. Una situación que sería impensable en una sociedad normalizada.
Pero no somos una sociedad normal, sino perversamente irregular, en la que no cuentan las personas ni su bienestar ni tampoco el bienestar colectivo, cuenta el salvar a la banca, el pago de deudas no legítimas y, en definitiva, la defensa de los beneficios de una minoría.